No existe un escritor más argentino
que Borges
El no murió a pesar de la muerte
porque sentía “una gran impaciencia''
Borges es uno de los autores a los cuales unos neófitos lectores se rehusarían a leer , no porque su escritura sea mala , sino porque su escritura es tan culta y fantástica que hasta yo años atras me hize una promesa , esa promesa era que empezaría a leer a Borges cuando sea un poco mas maduro y coherente , pero con el paso del tiempo mis ideas se han ido condensando a tal punto que creo estar consecuente de los actos que tome y una de ellas creo que seria comenzar a leer a Borges , es tarea dificil , ya lo se , pero creo que me siento en una edad adecuada como para poder valerme por mi mismo y comprobar lo infinito que es el saber y que nunca es tarde para volver a comenzar y soñar.
Justo que miraba algunas bitacoras por internet me tope con la grata sorpresa de que hoy es el aniversario numero 112 de uno de los grandes escritores de la Argentina y esta noticia , obvio , no deberia pasar desapercibida .
He aqui un pequeño ensayo - homenaje a uno de los grandes escritores que la academia sueca olvido entregar en vida , el prestigioso premio que bien se lo tenia merecido:el nobel...
POR :EL INTRANSIGENTE.COM :
¿Qué puede ser el destino sino lo que uno quiere ser? Y a veces se quiere ser otro en lugar de uno mismo, aunque uno tenga que resignarse a ser uno mismo, como diría Borges: “porque no puedo imaginarme otro destino que ese”.
Tan enigmático hasta para querer. ¿Amó alguna vez Borges? Aunque haya admitido que vivió siempre enamorado de alguna mujer. Pero es que “uno siempre esta enamorado pero las personas cambian pero el amor es el mismo y la persona es siempre única”. Aunque a la vez, son tantas personas que “he perdido la cuenta”.
Borges fue un hombre sin Estado y a la vez los tuvo todo, esa condición de la universalidad. Fue el que nunca perteneció a ningún partido pero opinó de todos: “por razones éticas, no por políticas. Cuando yo era joven, empecé siendo comunista en el año 1918, corría la fraternidad universal, la ausencia de fronteras, ¡a misión entre los hombres, luego no sé porque, me hice radical, luego conservador y ahora no pertenezco a ningún partido”.
El que no murió a pesar de la muerte porque sentía “una gran impaciencia” y acotaba “me dicen que va a llegar y al mismo tiempo siento que no, que no voy a morirme, aquello que dice Espinoza: que sentimos que somos inmortales, sí pero no inmortales individualmente supongo yo, inmortales al modo panteísta, al modo divino... pero que puede importarme lo que le sucede a un escritor sudamericano de un país perdido como la República Argentina, a fines del siglo veinte, que puede interesarme eso, si me aguarda esa aventura, la muerte, que puede ser la aniquilación, eso sería lo mejor, que puede ser el olvido.
: él se interrogó, como nadie, sobre la forma de la literatura en una de las orillas de occidente. En Borges, el tono nacional no depende de la representación de las cosas sino de la presentación de una pregunta: ¿cómo puede escribirse literatura en una nación culturalmente periférica?
La obra de Borges nunca deja de rodear este problema que pertenece al núcleo de las grandes cuestiones abiertas en una nación joven, sin fuertes tradiciones culturales propias, colocada en el extremo sur de los dominios de España en América, tierras finales que fueron la sede del virreinato menos rico, que tampoco pudo exhibir, como otras naciones latinoamericanas, grandes formaciones indígenas precolombinas. Sin embargo, la consideración de Borges sólo en clave de escritor universal cosmopolita tiene suficientes motivos:
Borges también es eso y su obra sustenta decididamente esa lectura. Se puede leer a Borges sin remitirlo al Martín Fierro o a Sarmiento y Lugones: allí están los temas filosóficos, allí está su relación tensa pero permanente con la literatura inglesa, su sistema de citas, su erudición extraída de las minucias' de las enciclopedias, su trabajo de escritor sobre el cuerpo de la literatura europea y sobre las versiones que esta literatura construyó como "Oriente"; allí están sus símbolos, los espejos, los laberintos, los dobles; allí está su afición a las mitologías nórdicas y a la Cábala.
Pero se perdería, si la lectura se fija dentro de estos límites, la tensión que recorre la obra de Borges, cuando la dimensión rioplatense aparece inesperadamente para desalojar a la literatura occidental de una centralidad segura.
Al final, la literatura de Borges es una literatura de conflicto.
Tan enigmático hasta para querer. ¿Amó alguna vez Borges? Aunque haya admitido que vivió siempre enamorado de alguna mujer. Pero es que “uno siempre esta enamorado pero las personas cambian pero el amor es el mismo y la persona es siempre única”. Aunque a la vez, son tantas personas que “he perdido la cuenta”.
Borges fue un hombre sin Estado y a la vez los tuvo todo, esa condición de la universalidad. Fue el que nunca perteneció a ningún partido pero opinó de todos: “por razones éticas, no por políticas. Cuando yo era joven, empecé siendo comunista en el año 1918, corría la fraternidad universal, la ausencia de fronteras, ¡a misión entre los hombres, luego no sé porque, me hice radical, luego conservador y ahora no pertenezco a ningún partido”.
El que no murió a pesar de la muerte porque sentía “una gran impaciencia” y acotaba “me dicen que va a llegar y al mismo tiempo siento que no, que no voy a morirme, aquello que dice Espinoza: que sentimos que somos inmortales, sí pero no inmortales individualmente supongo yo, inmortales al modo panteísta, al modo divino... pero que puede importarme lo que le sucede a un escritor sudamericano de un país perdido como la República Argentina, a fines del siglo veinte, que puede interesarme eso, si me aguarda esa aventura, la muerte, que puede ser la aniquilación, eso sería lo mejor, que puede ser el olvido.
: él se interrogó, como nadie, sobre la forma de la literatura en una de las orillas de occidente. En Borges, el tono nacional no depende de la representación de las cosas sino de la presentación de una pregunta: ¿cómo puede escribirse literatura en una nación culturalmente periférica?
La obra de Borges nunca deja de rodear este problema que pertenece al núcleo de las grandes cuestiones abiertas en una nación joven, sin fuertes tradiciones culturales propias, colocada en el extremo sur de los dominios de España en América, tierras finales que fueron la sede del virreinato menos rico, que tampoco pudo exhibir, como otras naciones latinoamericanas, grandes formaciones indígenas precolombinas. Sin embargo, la consideración de Borges sólo en clave de escritor universal cosmopolita tiene suficientes motivos:
Borges también es eso y su obra sustenta decididamente esa lectura. Se puede leer a Borges sin remitirlo al Martín Fierro o a Sarmiento y Lugones: allí están los temas filosóficos, allí está su relación tensa pero permanente con la literatura inglesa, su sistema de citas, su erudición extraída de las minucias' de las enciclopedias, su trabajo de escritor sobre el cuerpo de la literatura europea y sobre las versiones que esta literatura construyó como "Oriente"; allí están sus símbolos, los espejos, los laberintos, los dobles; allí está su afición a las mitologías nórdicas y a la Cábala.
Pero se perdería, si la lectura se fija dentro de estos límites, la tensión que recorre la obra de Borges, cuando la dimensión rioplatense aparece inesperadamente para desalojar a la literatura occidental de una centralidad segura.
Al final, la literatura de Borges es una literatura de conflicto.
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